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martes, 7 de mayo de 2013

[Minirelato] La Espera


Bueno, vengo a presentar este minirelato que presenté para un concurso de una comunidad... Es corto, en total 767 palabras.

LA ESPERA:

El niño movía sus juguetes en el aire. Eran sus dos favoritos, el vaquero de una serie de películas y un dinosaurio que su padre le había regalado. No se cansaba de jugar con ellos y los demás, de hecho. Solo paraba de jugar para ir al baño y comer. Oyó tras de sí el crujir del suelo de madera de la habitación principal. Corrió, gritando “¡Papi! ¡Papi!”, se desilusionó al llegar y no ver nada. No se entristeció. Decidió que seguiría esperando si eso era necesario. Se recostó sobre el sillón, abrazó a sus muñecos y cerró sus ojos.

Nuevamente, el suelo crujió. Corrió nuevamente hacia la habitación principal y encontró a su padre y a su madre. Le dieron un abrazo y caminaron junto a él a la cocina. Madre comenzó a cocinar mientras padre le contaba de cómo había ido su día en el trabajo. Para muchos, los bomberos no eran nada importante, pero para él, su padre era un héroe. Había salvado cientos de personas y era muy apreciado en la comunidad. Madre apoyó tres platos llenos de sopa en la mesa y comenzaron a cenar. El niño observó a madre y padre. Se veían muy felices. Luego preguntó a padre:

-‘¿Cuánto falta?’

Padre levantó los ojos de su plato y observó a su hijo, para luego contestarle:

-‘¿Cuánto falta para qué?’

Él miró a su padre, esbozó una sonrisa y dijo:

-‘Para que mi hermanito llegue, claro’

Padre lo miró y con una gran sonrisa en la cara dijo:

-'Al parecer, ya para fin de esta semana habrá llegado'

El niño oyó a padre y sonrió aun más. Todos siguieron cenando, contando alguna anécdota o haciendo comentarios sobre el calor que hacía ese día.

Cuando terminaron la cena, el niño dio un beso en la frente a su padre y a su madre y subió a su habitación. Esperaba con todas ansias a su hermanito. Se preguntó que nombre le pondrían sus padres. Se acostó en su cama y comenzó a jugar en ella con sus juguetes hasta quedarse dormido.

El niño se despertó en el sillón. Había quedado dormido mientras esperaba. Se levantó y sacó una foto de su bolsillo derecho. En ella se podían apreciar a un niño, a un hombre alto de buen físico y junto a ellos, una mujer embarazada de varios meses. Abrazó la foto y decidió que mientras seguía esperando leería su diario. Pero luego se dio cuenta de que seguía algo cansado, a pesar de haberse dormido un buen rato, y decidió solo leer la última página.


‘oy mami y papi me despertaron muy emosionados. ¡mi ermanito esta por llegar! Estoi tan ansioso. Me digeron que me quede esperando aqi en casa mientras van al ospital. Salieron ase una ora aprocsimadamente. estoi mui felis, me quede aqi mirando un poco de televisión pero se corto la trannsmision. Y de repente oi esa alarma qe papi me dijo qe es mala. por lo qe ise como me dijo y me meti al refugio. ubo un fuerte ruido afuera. voi a esperar unas oras para salir y segire esperando a mami y papi… estoi tan ansioso por conocer a mi ermanito!!!’


El niño terminó de leer y observó un dibujo que había hecho bajo el texto. Era un dibujo que había hecho intentando copiar la foto que había visto antes. Dejó el diario en un cajón, ya estaba demasiado gastado. Tanto tiempo había pasado…
Observó por la ventana. Puro gris. No pudo observar ni a su madre ni a su padre en los alrededores. De hecho, todo se veía demasiado vacío. ¿Cuánto llevaba esperando ya?¿Días?¿Semanas?¿Meses? Había perdido la cuenta del tiempo. Decidió bajar al sótano, para entrar al refugio. Aparentemente tendría que cenar nuevamente conservas enlatadas. Pero eso no importaba. Seguiría esperando. Como siempre.



Casi en la otra punta de la ciudad. Un terreno grisáceo y baldío. Lleno de árboles, arbustos y naturaleza muerta. ¿Quién hubiera imaginado que allí se habría erigido el hospital de la ciudad? Un hombre encapuchado pasó corriendo a toda velocidad. Estaba buscando comida. No era difícil conseguirla y ya tenía mucha hambre. Tras varios minutos de correr por toda la ciudad se dio cuenta de que no cenaría esa noche. Como tantas otras. Conseguir comida se había vuelto difícil, de hecho. Para él todo se había vuelto difícil. Las cosas no eran las mismas desde la explosión de la planta de energía nuclear.



El niño terminó de cenar, se recostó en el sillón nuevamente y cerró los ojos, abrazando la foto de madre y padre. Seguiría esperando…

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Bueno, espero que lo hayan disfrutado. Siéntanse libres de darme opiniones, críticas y demás.

Comunidad para la que hice el minirelato: FanficSpain

Saludos, ExenderVes

martes, 20 de diciembre de 2011

Un fanfic que me llamó mucho la atención

Hola gente, hace mucho que no les escribo...Si supieran como he estado ocupado: negocios y más negocios aquí en Mushroom Kingdoom...Definitivamente ha sido un periodo ajetreado, pero bueno: al menos logré mejorar la fachada externa de mi torre y comprar una casa en Delfino Plaza. Ahora, volviendo a esta entrada lo que les quería compartir era un fanfic de horror y suspenso de la escritora que se hace llamar Antifashion19 en fanfiction.net. y otros lugares del ciberespacio. ¿Por qué me llamó la atención el fic? Pues sencillamente porque me parece que es muy ingenioso y que tiene buenos méritos formales; mas, antes que nada, porque me logró dar un buen dolor de cabeza al ser un texto que, según se ve, intencionalmente busca dejar al lector cierto sabor de incertidumbre. Lo digo porque sucede que al leerlo uno llega a una conclusión (casi al final) mas luego aparecen elementos que hacen que uno dude de la conclusión mas no en el grado suficiente como para desecharla...


Disclaimer: Naruto es propiedad del maestro Kishimoto, yo solo lo tomé prestado para hacer este fanfic.

Autora: Antifashion19.
Tema: Halloween.
Universo Alterno.
Género:
Horror/Suspenso/Misterio.
Personaje: Hinata.
Advertencias: Ninguna.

Respuesta al Cuarto Concurso del foro: "Concursos: La originalidad es posible".
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Aclaraciones del Capítulo:

Blablablabla—Hablan.
Blablablabla—Recuerdos.

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The Voice.
"Los monstruos son reales, y los fantasmas también…
Viven dentro de nosotros, y a veces ellos ganan."
(Stephen King)
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“Hinata.”
Abrió los ojos lentamente, la luz le molestó. Los cerró de nueva cuenta, y volvió a abrirlos, tratando de protegerlos con su mano de los rayos solares que se colaban a través de lo que parecía una ventana, pero aquella extremidad no le respondió. Se sintió mareada y unas inmensas ganas de vomitar la inundaron, mientras el cuerpo le dolía intensamente como si la hubiesen golpeado; pero después, sintió un inmenso dolor de cabeza que se prolongó hasta sus ojos blancos…
“Hinata, despierta.”
— ¡B-basta! —Gritó. Aquella voz infantil en su cabeza no la dejaba pensar. — ¡B-basta!
Su garganta se encontraba reseca y sus labios partidos. Se levantó levemente para poder visualizar en donde se encontraba. Notó las pequeñas ventanas con los cristales rotos a un costado de la habitación, las cuales dejaban entrar los pequeños rastros de luz que iluminaban el lugar, a un lado de estas, algunos viejos muebles de madera. Las paredes descarapeladas, y en el piso había cientos de papales tirados. El lugar parecía abandonado.
¿Qué hacía ahí?
Se recargó sobre una de las paredes, y se dio cuenta de que estaba completamente sola, en ese lugar donde no había nadie más que ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazó a sí misma; tenía miedo, estaba sola, sin nadie que pudiera explicarle qué había sucedido o por qué la habían abandonado ahí. Talló sus ojos fuertemente y ahora todo se encontraba borroso.
“Hinata, ¿Estás ahí?”
La pequeña voz infantil seguía escuchándose por todo el lugar. Un escalofrío recorrió su columna vertebral al reconocerla, era la de su hermana. Se acercó a la única puerta de la habitación en la que se encontraba, asomando su cabeza hacia fuera, levemente; observó el pequeño pasillo oscuro y solitario, temblando, poco a poco fue saliendo de aquel lugar. Vio de reojo las otras puertas, y caminó lentamente, sin saber a dónde ir.
— ¿H-hay alguien ahí? —Preguntó temerosa. — ¿H-hanabi-chan?
Siguió avanzando.
—N-no debo tener miedo. —Se repitió a sí misma, mientras recorría el pasillo.
De pronto sintió como si alguien caminara a sus espaldas, y nerviosa, poco a poco se fue dando la media vuelta, sólo para encontrarse con unas sombras que salían lentamente de las otras puertas. Gritó fuertemente y comenzó a apresurar el paso, hasta verse corriendo por todo el lugar, horrorizada. Lloraba desesperada tratando de encontrar alguien que le ayudara o una salida para salir de aquel horrible lugar.
— ¡A-ayuda! —Gritó golpeando las puertas que se encontraban cerradas. — ¡P-por favor, alguien que me ayude!
Sola. Estaba completamente sola en aquel lugar, a merced de aquellos seres que le seguían lentamente, riendo siniestramente. Más pasos, voces de niños, arañazos, golpes. ¿Por qué estaba ahí? ¿Dónde estaban su padre, su primo…y su hermana?
Hanabi.
Cayó al suelo boca abajo, golpeándose el rostro. La sangre brotó, pero no había más dolor. Ya no sentía nada, el miedo la había invadido, paralizando todo su cuerpo. Levantó lentamente la cabeza sólo para contemplar una gran sombra sobre ella. Su mano comenzó a temblar, mientras ella sollozaba lentamente. Había algo detrás, algo aterrador; giró lentamente su cabeza, a la vez que las lágrimas volvían a inundar sus pequeños ojos blancos. Aquella “cosa” era horrorosa.
Sus ojos la escudriñaban sedientos de sangre. Un grito desgarrador salió de la garganta de Hinata, quien se levantó rápidamente para correr lejos de ahí. Volteó de nueva cuenta, notando que no había nada ya en ese pasillo.
“En mi mente duerme…”
—A-ayuda. —Unos balbuceos escaparon de sus labios nuevamente, no pudo evitarlo.
No muchos metros adelante, Hinata se dio cuenta de algo.  De qué escapa. ¿De qué? La pregunta flotaba en su mente. Sabía que todo era un producto de su imaginación, lo sabía bien…Ya que desde aquel accidente algo había pasado dentro de su cabeza. Eran simples alucinaciones que controlaba con medicinas…
“Una pequeña…”
—Hinata. —Le pareció escuchar que alguien decía su nombre a sus espaldas, pero no puso atención y continúo caminando tan rápido como podía. Debía encontrar la salida de aquel lugar. —Hinata.
El llamado se repitió. De nueva cuenta era la voz de su hermana menor, Hanabi... ¿Acaso era un invento de su imaginación? No. Era una voz que siempre había escuchado, y que se había intensificado desde aquel accidente en el cual su hermana había fallecido. ¿La estaba atormentando?
—B-basta. —Soltó entre dientes, se abrazó a sí misma.
—Hi-na-ta. — Repitió la voz, como si se burlara de ella. —Hinata.
La Hyuuga se detuvo. Bajó la mirada y observó el suelo lleno de papeles, tierra y un pequeño charco de agua que provenía de una de las paredes mohosas del pasillo. Leyó cuidadosamente, letra por letra. “Hospital”, estaba en un hospital abandonado.
“En mi mente duerme…”
— ¡Cállate Hanabi-chan! —Gritó molesta. —Ya déjame en paz…No quiero escucharte.
— ¿Por qué? — Aquella voz continuó y parecía que taladraba dolorosamente sus oídos y su cabeza. —Tú me mataste, ¿Por qué te he de dejar en paz?
Fue ahí donde los recuerdos dolorosos perforaron su frágil mente…
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Recordando aquel día de Halloween en el que huía de su casa por no complacer a su padre, por avergonzarlo y no ser la Hyuuga perfecta.  Quería irse lejos, morir. Su hermana subió rápidamente en el asiento del copiloto, mientras que Hinata arrancaba velozmente. No supo cuando el automóvil se había volcado, ella sangrando de la cabeza, quizás con su cráneo fracturado; pero su hermana, la pequeña Hanabi había salido volando del asiento, impactándose con el cristal del parabrisas, dejándolo impregnado de color carmín. Y su cuerpo, tirado sobre el frío asfalto, inerte. Muerta.
“Una pequeña…”
Acabó en un hospital, siendo repudiada por su padre. Sola y abandonada.
“…Homicida.”
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— ¿Por qué mereces vivir? —Preguntó la pequeña voz infantil. —Si eres una vergüenza.
— ¡Lárgate ya! —Gritó enfurecida. Tenía que encontrar la salida de ahí.
—Cálmate, Hinata. —Se escuchó y unas risas le siguieron. — O la “cosa” se molestará.
Miró a su alrededor hasta toparse con aquel ser que le seguía, dejando su rastro de sangre por todo el piso. El ritmo cardiaco de su corazón se aceleró, y corrió nuevamente; tropezó y cayó al piso, de nuevo se levantó para seguir corriendo… Estaba tan agotada que ya no era capaz de levantarse. El pánico comenzó lentamente a desaparecer, mientras las sombras se escurrían desde las paredes hasta el suelo.
Pero Hinata no se detuvo sino hasta que sintió que su cuerpo ya no era capaz de moverse, se dejó caer en el piso, respirando agitadamente y esbozando una extraña sonrisa de satisfacción que más tarde se convirtió en carcajada que se fue fusionando con las otras risas. Repentinamente, el efecto de su locura desapareció.
Ya no podía más. No había salida de aquel lugar. Lo sabía bien.
“Duerme pequeña…”
Un extraño impulso le hizo levantar nuevamente su cara, y mirar hacia enfrente. Sus ojos blancos veían a la “cosa” que se acercaba hacia ella, con las cientos de manos con enormes uñas amarillentas y con caras petrificadas que movían sus ojos de un lado hacia otro.
—Hinata…—Habló nuevamente esa voz de la que la Hyuuga pensaba que se había librado. — ¿Qué es lo que piensas hacer ahora?
La risa siniestra de Hanabi se escuchó por todo el lugar, acompañada por la de todos los rostros que se encontraban incrustados en aquel ser… Sin embargo, Hinata ya se había quedado paralizada, deseando retroceder, deseando ponerse de pie y huir, pero no pudo: el cansancio, el frío, y sobre todo el pánico, se habían apoderado de su cuerpo.
— ¡Cállate! —Chilló horrorizada.
Y cogiendo la poca fuerza que tenía, poco a poco se puso de pie. Estaba jadeando y su pecho hacia un sonido al respirar a causa de su agitación; se recargó en la pared que se encontraba a sus espaldas. “Salida”, leyó en letras rojas sobre el marco de una puerta de cristal templado. Dio un paso hacia ella mirando cómo un poco de luz entraba. Unas nauseas volvieron a invadirla. Mientras que en su mente el deseo de alejarse de ese lugar le daba más fuerza.
Aquel ser sujetó su brazo.
— ¡No! —Gritó. — ¡Suéltame!
La Hyuuga pateó fuertemente la puerta, causando que esta se rompiera, los fragmentos de vidrio caían a la vez que ella intentaba salir. Sintió la suave brisa rosarle la piel, y como el agarre de aquella criatura poco a poco se debilitaba.
Era libre.
“Duerme…”
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—Señor Hyuuga, el trastorno de personalidad múltiple…—Comenzó a explicar el médico. —Puede ser ocasionado por alguna experiencia que el individuo vivió y lo traumatizó. El paciente pudo haber estado en riesgo de morir en un accidente automovilístico o quizás sufrió un asalto a mano armada o una enfermedad seria.
Hiashi recordó el accidente en el que ella había estado involucrada. En donde solo Hanabi había salido ilesa. Miró de nueva cuenta por el pequeño cristal de la puerta a Hinata, que seguía tarareando algo.
—Este desorden es asociado también con traumas continuos de cualquier tipo, los cuales obligan a la persona como un mecanismo de defensa a salirse de su mundo real para vivir la fantasía de una persona ajena a ellas… —Siguió hablando. — Estos episodios pueden durar lapsos que varían de horas a meses y también varían en intensidad y no son constantes o regulares.
Giraron su vista de nueva cuenta hacia ella, quien no sabía si aún permanecía en aquella personalidad que se hacía llamar “Hanabi”, quien era muy agresiva y se creía la hermana menor de Hinata que había muerto en aquel accidente automovilístico. Torturando a esta misma sin poder dejarla salir de su mente.
Es lo que ella les había dicho, mientras se burlaba de ellos.
—Pero tiene cura esto, ¿Cierto? —Preguntó preocupado. —Hinata puede recuperarse.
—Sólo podemos controlarlo, el tratamiento de este trastorno lo haremos por medio de una combinación de terapias psicológicas y de medicamentos. —Asintió levemente. —Vera que pronto Hinata, no recaerá en nuevos episodios en el futuro.
— ¿Está seguro que quien regresará será Hinata? —Preguntó Hanabi. — ¿No ésta Hinata que se hace llamar Hanabi, igual que yo?
Aquella Hinata parpadeó confundida.
—Hinata, despierta. —Le llamó la voz de Hanabi. — Hinata, ¿Estás ahí? Vuelve en ti.
— ¿Dónde estoy? —Cuestionó. — ¿Padre? ¿Neji? ¿H-hanabi?
— ¡Hinata! —Soltó la menor llena de felicidad. — ¿Eres tú?
—Sí. —Asintió levemente. —S-soy yo… ¿P-podemos irnos a c-casa?
Su padre afirmó.
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—Hoy es Halloween, ¿Cierto? —Preguntó seriamente. —Como aquel día del accidente.
—Sí. —Respondió Neji. —Hoy es 31 de Octubre.
—Oh. —Suspiró.
El automóvil avanzaba, e Hinata seguía mirando a través de la ventanilla el paisaje, su hermana permanecía a un lado de ella, mientras que adelante su padre manejaba; y Neji, su primo, iba de copiloto. Inhaló profundamente, y siguió viendo como se alejaban de aquel hospital psiquiátrico.
“En mi mente duerme una pequeña homicida…”— Hinata permanecía sentada siendo observada por su hermana, mientras canturreaba. — “Duerme pequeña…Duerme.”
Rió desquiciadamente. Sus familiares regresaron a verla completamente sorprendidos, mientras ésta sacaba de entre sus ropas un pequeño cortapluma antiguo que había robado del consultorio de aquel doctor…
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“¡¿Hinata?!”
Abrió los ojos lentamente. Se sintió mareada y unas inmensas ganas de vomitar la inundaron, mientras el cuerpo le dolía intensamente como si la hubiesen golpeado; pero después, sintió un inmenso dolor de cabeza que se prolongó hasta sus ojos blancos…
“¡Hinata, despierta!”
— ¡B-basta! —Gritó. Aquella voz infantil en su cabeza no la dejaba pensar. — ¡B-basta!
Se levantó levemente para poder visualizar en dónde se encontraba. Notó las pequeñas ventanas con los cristales rotos a un costado de la habitación, las cuales dejaban entrar los pequeños rastros de luz que iluminaban el lugar, aún lado de estas, algunos viejos muebles de madera. Las paredes descarapeladas, y en el piso había cientos de papales tirados. El lugar parecía abandonado.
¿Qué hacía ahí?
Se recargó sobre una de las paredes, y se dio cuenta de que estaba completamente sola. En ese lugar donde no había nadie más que ella.
“¡Detente Hinata! ¡No!”
Un grito desgarrador se escuchó por todo el lugar,  provocando que Hinata corriera lejos de ahí. Volteó de nueva cuenta, notando que en el suelo poco a poco se formaban pequeños charcos de sangre. Se asustó un poco, pero siguió caminando en busca de una salida de aquel sitio.
“En mi mente duerme una pequeña homicida, duerme pequeña…Duerme.”

F I N.
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Notas de la autora:
Ok, desde que leí aquel fic SasuSaku “En mi habitación duerme una pequeña suicida”, que era adaptación de un Dramione llamado “El secuestro”, me quedó esa pequeña frase y quise hacer una historia que tuviera que ver. Aunque le cambien lo de suicida a homicida.
Espero que les haya gustado. Gracias por su tiempo para leer y comentar, si gustan.

viernes, 12 de agosto de 2011

La muerte de Judas Iscariote





El infierno de Judas Iscariote


Encadenada yace una parte de
mi alma, atada
a un olivo sepultado
en las arenas del tiempo;

Porque con el beso de la traición
descolgué todos los astros del firmamento
el día en que vendí a La Luz del Mundo,
el día en que sobre mis hombros endebles
cayó la sangre sagrada del Verbo
e incontables cruces de ceniza florecieron
como puñales de condenación
sobre la higuera agusanada de mi corazón.

“Eli, Eli, lamma sabactani”,
diré con El Hijo del Hombre, repetiré por los
siglos de los siglos ahora que Dios
se ha ido de mi mundo, ahora que mi mundo
no es el mundo de los hombres
sino una exteriorización horrenda de mis propios
paisajes interiores, de mi propia alma
atormentada por las serpientes
del odio que entre noches sin luna a mi
imagen se enroscan…

Y sueño que mi cabeza está en un plato
como en un plato estuvo la cabeza de El Bautista;
y es la hija de Herodías una mujer gigante
en cuyos ojos, divididos cual los ojos de una mosca, están
los ojos de todos los hombres que me acusan,
que me llaman “traidor” y me obligan a aborrecerme,
a romper la piel de mis nudillos
golpeando una y otra vez el espejo, a condenarme
sin piedad aunque sé
que El Maestro ya me perdonó
pero sin embargo, generación tras generación,
los hombres apedrean mi nombre
en cada iglesia de este orbe sombrío do los
mismos que anuncian al Salvador
no se cansan de anunciar la eternidad del fuego
para los “impíos” e “impuros”.

Y soy yo, soy yo quien no perdona a
El Traidor; quien en la Jerusalén de sus pesadillas
es siempre invierno, no existe el día y la nieve
no cesa, no para de caer sobre la ciudad vacía
de todo salvo de la sombra de mi pecado, de esa
horda de ensangrentadas manos que por
los techos se mueven, por el suelo reptan y
en las paredes de las sinagogas escriben
“Judas es un alma muerta, Judas es un
alma sin salvación”…

“¿Quién me redimirá del frío? ¿Quién
me redimirá del frío?”, pregunto
mirando el firmamento sin estrellas para luego cerrar
los ojos y allí, en las aguas irremediablemente
negras del lago de mí ser,
ver a reflejada la imagen de Jesús, la recurrente
imagen de mi amado maestro llorando
en Getsemaní, sudando sangre en Getsemaní y luego
llorando, llorando nuevamente de espaldas a mí,
arrodillado sobre la nieve de mi Jerusalén vacía con
su rostro entre las manos, entre las manos blancas,
puras como mirada de niño, níveas como la luz
que nunca tuve para ver que su reino no era de este
mundo.

“En la casa de mi padre hay muchas habitaciones”,
dice a veces el buen Jesús cuando
en la escarcha me duermo a solas con mi tristeza
y retrocedo, vuelvo al tiempo en que su
sonrisa iluminaba la Tierra y, sentado entre las
multitudes, derribaba los muros
de la noche con palabras como “Amen a sus enemigos,
hagan el bien a los que los odian”.

Pero ahora es solo el frío,
el frío y mi rostro hundido entre mis manos
cual un barco destrozado al fondo del mar;
solo las cadenas, las cadenas que cobran vida,
se agitan en torno a mi corazón y lo traspasan,
entran y salen de él esparciendo sus escombros
sobre esta sinagoga en la que sollozo
porque El Padre no está,
porque El Padre se fue;
y mi espíritu es un sepulcro abandonado
en que Jesús jamás resucitó,
en que no hallo de mí más que incontables
ojos que estallan en la penumbra,
que se multiplican para morir entre las rocas,
para morir desgarrados en el aire;
cantando con su sangre “Señor ten piedad,
Cristo ten piedad”;

Mas agrieta mis plegarias la escarcha de las
madrugadas, y esas sombras que rugen
y matan, que mi garganta
inmolan cual carnero al espanto
tributado;
nada pueden mis ojos sin luz rescatar
de lo ido,
nada puede mi mirada por el hielo asesinada,
rescatar de los restos del sol
que ha caído, para siempre en las calles tan solas,
tan mustias, do entre el polvo
de mis huesos el viento juguetea,
como un infante de fosca mirada
que un presagio fuera,
de esas noches que vendrán en incesante
monotonía, series iguales, homogéneas,
de La Luz, oh, de La Luz
ya sin vida…

Silbándome a veces colores aciagos,
sonidos turbios como el zumbido
de las moscas saboreando, en un rincón mohoso del recuerdo,
las entrañas esparcidas de mi cuerpo de ahorcado,
los restos aún frescos de mis sesos
retorcidos, de mis sesos de traidor brillando sobre
la tierra árida, regada únicamente
con el jugo amargo de mis venas malditas, sucias
y desgraciadas cual leproso que El Maestro
no sanó…

Aceldama…(sobre los árboles secos susurran los cuervos)
Aceldama…(gime mi alma como un feto encogida)
Aceldama…(bajo los árboles secos canta mi sangre aún fresca)

Y queda de aquel día por eclipses marcado,
queda solo este exilio sin fin
y ese ruido como grito de crucificado, ese ruido
metálico, duro como el destino…

Ese ruido de plata con que sellé
aquel día la muerte de El Verbo…

Andará por eso eternamente, mi alma de lobo
por los bosques del tormento huyendo,
huyendo sin cesar del ruido de esas treinta monedas
que caen, que caen y en mi mente ―suelo de un
templo en perpetua ruina― adquieren
el silbido del látigo que escribe la pequeñez
humana al caer sobre El Hijo del Hombre,
sobre La Luz del Mundo
que aún me sonríe en el recuerdo
diciéndome amorosa “yo te perdono, Judas,
yo te perdono”

Mas lo busco y ya no está:
también en mi corazón lo hice
crucificar…

No volverán,
no volverán a mirarme esos ojos
sinceros e infinitos…

Solo me verán
ya las cuencas vacías de mis demonios
interiores y los iris rabiosos
de esas caras que me imprecan desde
el otro lado de la niebla salpicada, teñida
por la sangre acumulada
sobre los siglos de La Oscuridad que fue, es y será
siempre una legión de lombrices ciegas
retorciéndose bajo las bóvedas craneales de los hombres
pertenecientes a mi estirpe, a mi raza de cerdos
que pisotean perlas y margaritas, que venden
cada día a aquel que nos envío “El padre
de los espíritus”

“Eli, Eli, lamma sabactani”,
diré una y otra vez revolcándome sobre
la nieve de esta Jerusalén
do la presencia de El Caído ―por el odio
a mí mismo convocada― me azota
bajo la forma de una escena terrible,
de un cuadro aciago que entre relámpagos
de llanto ahorcado se pronuncia
insistente entre las reiteraciones del delirio:
Yo, Judas, agonizante
en la cruz invertida que sostiene, como
un desafío contra el cielo, entre montañas escarpadas
el gigante
con cabeza de carnero y seis hileras
de ojos sin luz;
yo, El Traidor, clavado
en ese signo blasfemo que La Bestia
agita mientras mira al cielo y ruge, ciega de ira,
entre esas cordilleras marrones donde
lo único que crece son los empalados
que en el cieno del mundo el
camino perdieron…


miércoles, 13 de julio de 2011

TORNEO DE STARCRAFT II






(Autores: Ezequiel Vives y el Sr.X)




12 de Enero del 2011:
‹‹En pocas horas jugaré una batalla decisiva. Si pierdo estaré acabado, fulminado: no habrá vuelta atrás. Por eso escribo esta página, este pedazo de mierda que en realidad es una página suelta y no el fragmento correspondiente a un día concreto dentro de esa mariconada llamada “diario personal” o “diario íntimo”. ¿Por qué hago esto? Muy simple: llevo un año y medio entrenando como loco y no puedo perder el torneo de StarCraft2…Ya perdí hace varios años el torneo de StarCraft1 que se organizó en mi barrio y ahora sería demasiado si perdiera este torneo online. Los videojuegos son muy importantes en mi vida, demasiado importantes como para que pueda seguir viviendo tranquilo en caso de perder. Sinceramente no creo que vaya a perder pero, siendo precavido, no puedo dejar de admitir que cabe una pequeña probabilidad de que pierda. Entonces, de perder, quiero que queden claras las razones de lo que sería mi fuga, mi salida de este desierto monótono, tedioso y estúpido que ha sido mi vida. “Vida”...si es que acaso se puede llamar vida a esto: ser un adolescente obeso de gruesos anteojos (un tipo del que todos se ríen y al cual las chicas ni miran), un fatty con tres amigos a los que nomás ve para jugar PS3 o alguna otra cosa y una familia aburrida con la que no congenia. También tengo otras razones más pero ustedes, lectores hipotéticos de esta carta, no tienen la suficiente estatura mental como para comprenderlas. Por eso mejor me callo, por eso y porque no quiero que me recuerden como más patético de lo que pensaban que era…Pero ya, no creo que vaya a perder, si así lo creyera me extendería más con esta palabrería. Mas hay que tomar medidas cautelares. En la vida siempre hay que ser precavidos, no podemos ser como esos gammers idiotas que, cuando usan a los Protoss en el StarCraft, se olvidan de construir torres para resguardar ciertos puntos clave. Bien pues, en caso de perder estas serían mis últimas palabras ››

Cuando José encendió su computadora, estaba nervioso; el torneo de Starcraft II había comenzado dos semanas antes y sus estadísticas eran las siguientes:

1c1 – 27 victorias de 50 batallas en total
2c2 – 10 victorias de 25 batallas en total

Lo que le causaba realmente nervios era perder el torneo, había esperado un año y medio pasando largos periodos de entrenamiento para llegar a ser el mejor; si no lo lograba, su autoestima quedaría por el piso. Se quedó pensando estrategias hasta que el sonido de inicio de Windows 7 lo despertó de sus reflexiones. Se conectó y comenzó la última batalla, 2c2: si perdía, estaba acabado… la única manera de ganar el torneo era ganar esa partida.
         El mapa que sería su zona de guerra era ShanghaiNight. Su clase, Zerg, al igual que sus dos compañeros. En cuanto a sus enemigos, eran Terrans. Debían luchar con todas sus fuerzas. ¿Quién hubiera imaginado el trágico desenlace que el torneo causaría?
            El mapa ofrecía todos los edificios de los equipos creados en cada base: lo que los jugadores debían hacer era apresurarse por crear ejércitos más grandes y lanzarse al combate contra sus enemigos. José comenzó a crear todo tipo de unidades: Roachs, Overlords, BloodLords y otras clases de Zergs. Cuando se dio cuenta de algo, los Terrans habían sido más veloces y habían destrozado las bases de sus dos aliados, los cuales claudicaron. Era él solo contra tres Terrans. No tenía más de cincuenta soldados cuando cerca de doscientos enemigos Terrans ―entre los cuales había Marines, AH/G-24 Banshees, Vikings y muchos más― destruyeron su pueblo en solo diez minutos y sus hombres apenas tuvieron oportunidad para resistir ante la inminencia de la muerte.
            Cuando fue desconectado del servidor, los otros gammers comenzaron a hablarle por micrófono… “Bien hecho, al menos eres el que más ha durado” y varias cosas así. Pero la idea ya estaba completamente metida dentro de su cabeza.
            Bajó las escaleras y fue a la habitación de su padre, el cual era policía. Abrió el armario. Tomó la 9 milímetros reglamentaria de su padre y volvió a subir las escaleras. Miró al ordenador, cuyo fondo de pantalla consistía en una imagen de las unidades Zergs y dijo: “Lo siento compañeros, pero hemos fallado la misión”. Se quedó pensando un largo rato mientras sostenía la pistola en la mano. Ahora que podía matarse se daba cuenta de que el suicidio no era cosa fácil, no era la huída cobarde de la que tantos vivos insensibles habían hablado…Se sentó frente al monitor, hundió la cabeza entre sus manos y, luego de sentirse el gusano más cobarde del mundo, comenzó a llorar en silencio…Permaneció así tres minutos, tres minutos en los cuales la derrota que acababa de sufrir adquiría las dimensiones de una metáfora capaz de condensar toda su existencia, de aglomerar cada minuto de su vida hasta llegar al momento presente…Y de pronto surgió la rabia, surgió la ira cuando, en medio de su tristeza, pensó en tanto idiota que caminaba por la vida con la cabeza erguida como ganador…Tantos tipos que habían conseguido cosas que él nunca tendría…¿Era pues justo que perdiera? ¿Era justo que ni siquiera pudiese tener aquella pequeña victoria que tanto habría significado?...“¡Noooo!”, se dijo a sí mismo gritando coléricamente…Y luego, luego se levantó, pateó la silla, golpeó las paredes y finalmente, exhausto en medio de aquella casa vacía en aquella hora, tomó la pistola, le dio la espalda al monitor, se colocó el arma en la boca y apretó el gatillo…Los trocitos de carne saltaron, el estallido de huesos y sangre recordaba al exterminio de un Hidralisco Zerg a manos de varios Siege tank. Dos disparos impactaron esa noche en su casa: uno destrozó el monitor de su ordenador y el otro destrozó la alegría de sus familiares y amigos…

martes, 17 de mayo de 2011

El torneo de Smash Bros Melee

Introducción: El siguiente texto intenta imitar ciertas características del narrador de El Guardían entre El Centeno (novela de J.D. Salinger). Por eso repite ciertas expresiones y usa lenguaje coloquial, entre otras cosas. Os dejo pues con el texto:






Fue el miércoles de la semana pasada. El Chino había venido junto con el pendejo de Edgar y el creído de Diego. Faltaban tres días para el torneo de Smash Bros Melee y teníamos que entrenar. Que día tan del hijueputa. Pelear en el Hyrule temple fue lo primero que hicimos (creo que fue eso, no me acuerdo bien). El Chino como siempre usando a ese zorro maricón de Fox y Diego con su Link. Chino de mierda. Tuvo que empezar con su técnica meca de los disparos. Imagínense eso: una pista enorme, tu enemigo tiene una pistolita laser que dispara rapidísimo (aunque quita poca vida) y se pone al otro lado a desgastarte a disparos para que cuando te lo topes se le haga mucho más fácil sacarte la puta. Detesto eso. Quién no detesta eso. “¡Chino marica, siempre con tus disparos de zorra!”, le había dicho el creído de Diego que, para variar, había traído a su novia buenota. Sí, dije ‘buenota’. Una man con un culo formidable, una cara de “me gusta chupársela a mi novio” y unas tetas medianas pero duras y siempre escondidas detrás de un maldito escote provocador. Puta de mierda. Recuerdo que una vez intenté que se quede a solas conmigo pero el enfermo de Diego no se tragó el cuento que le quería meter para que se largue un buen rato y luego vuelva. “Okey, loco, me voy pero María se viene conmigo”; “Vamos, mi vida”, le había dicho María antes de irse. ‘Mi vida’, odio cuando una mujer le dice eso a su novio, suena tan cursi, tan estúpido.
            Volviendo a donde estaba, creo que luego de lo del insulto el Chino se había cabreado y había dejado de disparar de lejos para ir a pelear de cerca como un varón (‘varón’, eso me recuerda a lo de “¡Chavez, sea varón!” de Uribe. Nunca me voy a olvidar de eso, que huevada tan chistosa). Entonces hizo uno de esos clásicos combos que suele hacer esquivándose, agarrando por atrás y dando una de esas patadas tipo comando. En cuanto a mí pues yo estaba que me hacía el disimulado mientras dejaba que se desgasten entre ellos. Luego fui y, cuando ya los dos estaban recontra gastados, hice un movimiento rápido para aparecer en medio de ellos y hacerles un gancho de Luigi de esos que sacan fuego. Par de cojudos, no sé cuantas veces los he sacado volando de esa forma. María se reía de Diego y el Chino decía que se iba a vengar en la próxima ronda (era de tres rondas la partida, cada ronda equivalía a una vida). Nos sacó la mierda a Diego y a mí. Es en serio. Es que el Chino es un genio del Smash Bros, llegó en segundo lugar en el torneo que hicieron en el Mall del Sol. Por poco le dan el trofeíto de vidrio con el Mario dibujado. Hubiese podido tocar esa belleza si el Chino ganaba…tenía que distraerse en el último momento. Chino hijo de puta. La plena que siempre quise que me enseñe pero el Chino vale verga como profesor. Solo puedes aprender de él viéndolo en acción, no hay otra. Ese día jugamos unas cuatro horas. El Chino ganó todas las partidas y yo llegué en segundo en todas menos en dos o tres. O creo que eran cuatro. No sé. Bueno, por suerte a María le gustaba jugar porque caso contrario habría tenido que estar como pendeja sentada en el mueble. Ja, tuvo que turnarse con Diego todo el tiempo. Me encanta que eso pase, así el muy creidito juega menos. Diego meco, mejor que no gane para que así no ande diciendo “miren que ya he progresado”. Odio cuando algún gammer dice ‘miren que ya he progresado’. Es tan patético, tan looser. Es como si quisieran que les digan “bien muchacho, me enorgulleces, sigue así”. Putasos, el que es bueno o se está volviendo bueno no necesita que se lo digan. En serio.
            Recapitulo. Les decía al comienzo que el Chino y Diego habían venido a entrenar por lo del torneo. El segundo día también vinieron pero Diego vino sin María y cuando le pregunté que por qué no vino María él dijo que porque tenía que quedarse haciendo unas cosas para poder salir de noche con él. Bastardo sin gloria. De ley que luego del cine se la gozaría a lo Cosmopolitan. La plena que le tengo pica, encima de que siempre se queda con la mejor carne el muy perro quiere ser un buen gammer. Si lo dejo venir es porque no es tan malo, estuvo entre los 16 mejores dentro de su categoría en el torneo del Mall del Sol. Aunque yo le gano, lástima que no haya podido ir ese día al torneo. Algo mismo habría conseguido. De verdad. Pero bueno, ese día entrenamos en todas las pistas excepto en la de Ness. O no, creo que no era esa sino la de Mr. Game and Watch. Seguramente fue la segunda. En todo caso el punto es que jugamos desde las tres hasta las siete de la noche. Apenas paramos para tomar Fanta y comer unos nachos que trajo el Chino. No sé por qué siempre tienen que traer nachos. Estoy cansado de los nachos, las dipas son mucho mejores. Me encantan las dipas. Recuerdo que una vez dejé la roñosería y compré tres fundotas de dipas con cinco tarritos de salsa de queso. Eso fue lo máximo. Ahí comimos yo, el Chino, el creído de Diego y el fanfarrón de Fernando que casi nunca viene porque dizque es demasiado bueno para jugar con nosotros. Es un farsante y él lo sabe. Pero me agrada, me agrada porque sabe que es un farsante y que divierte con su pose de “soy el non plus ultra”. Pobre tipo, de verdad que le tengo una mezcla de lástima y cariño. Pero bueno, les decía que el Chino había traído Fanta y una funda de nachos. Lo de la Fanta no sé si quedó claro. No importa. Y pues yo no comí mucho, ya les dije por qué. La cosa es que no sé qué me picó pero me puse hecho el bromista y le pregunté al Chino que por qué se había puesto Lluvia Blanca como nickname para jugar WarCraft (el de estrategia, no el World of WarCraft) online. ¿Creen que me contestó? Lo único que hizo fue fijar su mirada en mí y luego lanzar un largo y aparatoso eructo intencional. Diego y yo nos reímos a carcajadas, nos reímos tanto que lloramos y a Diego se le salió un poco de Fanta por la nariz…Nunca me olvidaré de eso. En serio.
            Vamos ahora al torneo. El tercer día no importa porque entrenamos por separado y eso es aburrido. Ya saben, entrenar por separado para probar con la máquina tales o cuales ideas. Huevada. La vaina es que el día del torneo todo valió bolsa. Para empezar Diego se trajo a la María pero la muy puta vino con una minifalda maldita. Imagínense eso, encima de que es el único con novia el muy sarnoso la deja venir en mini falda como para picarnos mostrando lo que come. Diego de mierda. Yo y el Chino seremos unos loosers pero él es un bastardo sin gloria. ‘Bastardo sin gloria’, me encanta esa expresión. Creo que eso lo saqué de una película de Tarantino. O era de Woody Allen. No, de ley que debía ser de Tarantino. Pero bueno, aparte de lo de Diego otra cosa que me cabreó es que el cojudo del Chino vino muerto de sueño y, cuando le pregunté que por qué no tomó café, su excusa fue un “Me olvidé, loco, me olvidé”. Odio que la gente se olvide de las cosas. ¿Cómo conchas el Chino iba a poder pelear bien con los reflejos dormidos? “Dios te ilumine, panita”, le había dicho Diego al Chino. Y tenía razón, como pocas veces tenía razón.
            No les contaré las primeras peleas del torneo, baste con decir que solo el Chino y yo llegamos a octavos de final. Diego había peleado bien: tengo que admitirlo. Había peleado bien pero el fallo fue cuando, en una pelea de tres vidas, le tocó luchar con un Ganondorf hábil en la pista de Ness, una pista realmente pequeña. ¿Saben lo jodido que es eso? Casi no hay Ganondorfs hábiles, y cuando los hay, la rapidez se une a la fuerza extrema. De verdad que Diego estaba bien nervioso pues el Ganondorf le había arrancado 128 puntos de vida en muy poco tiempo. Pobrecito, no pudo quitarle ni una vida. Diego patético. Al menos con eso sabrá que no se puede tener todo en la vida. En cuanto a mí, pues yo perdí en cuartos de final. ¿Y saben contra quién perdí? Nada más y nada menos que contra el Chino. Que hecho verga. No sé cómo pudo jugar tan bien muriéndose de sueño. La plena que el man es pilas pero ese día sí me sorprendió. Al menos tuvo misericordia ya que valió bolsa al inicio. Creo que se dejó quitar esa vida a propósito para que yo no quede tan mal. La cosa es que después comenzó con su técnica de disparar de lejos. Eso nunca le falla, sobre todo si está en una pista grande como Hyrule que era donde estábamos. Me masacró. En serio. Pero eso no fue lo peor. Lo peor vino luego, cuando el Chino llego a la última ronda. No me dolió que perdiera, me dolió la forma en que perdió. Estaba en Hyrule que era su pista de suerte y para rematar le había tocado pelear contra un Bowser siendo Bowswer el personaje con el que más fácil se le hacía pelear. Todos creímos que iba a ganar pues era una pelea de una vida y él apenas tenía 55 de daño siendo que su oponente tenía ya 258 de daño. Una buena patada hubiese bastado para que Bowser muera. Pero se calló, el Chino cojudo hizo un movimiento hacia el lado equivocado y apareció demasiado lejos del borde como para volver a subir. “¡Caca!”, había exclamado el Chino en el momento de caer. Detesto que el Chino exclame ‘¡caca!’, suena tan de niño y está tan en desuso. Da asco de solo escucharse aunque esta vez el Chino tenía razón. No estoy seguro pero sí, sí debía de tener razón. Solo había una forma de referirse a toda esa mierda: ¡caca!