viernes, 20 de enero de 2012

Manifiesto contra la ley SOPA y los putos que cerraron Megaupload

Señores, les habla Booster. Como saben, mi blog ha sido seriamente perjudicado por el derribo de Megaupload. El FBI dice que no tiene nada que ver con la ley SOPA pero es evidente que todo es parte de una gran jugada sucia de ciertos sectores del poder estadounidense (no quiero parecer anti-yanqui acusando a USA en general) que quieren mimar a ciertas empresas a causa de intereses económicos que les han llevado a que les importe un carajo el bienestar cultural de la Humanidad. Y es que haber matado a Megaupload fue un crimen contra la cultura a nivel global, sobre todo en Occidente. Imaginen cuantos links valiosos se perdieron, cuanto buen arte dejará de ser conocido o se conocerá menos...Eso fue un atentado contra el internet y por tanto contra la Humanidad actual porque el internet tiene una importancia trascendental en esta era globalizada y hasta cierto punto digitalizada (si se entiende a qué me refiero). ¿Qué sigue? ¿Que cierren Mediafire o Rapidshare con las mismas excusas?...Me disculpo por no tener el tiempo para subir de nuevo toda la música que el FBI nos quitó injustamente...Protesto, y que sirvan las siguientes imágenes como muestra de eso:

domingo, 1 de enero de 2012

Un gran fanfic de Metroid

¿Qué onda? Espero que hayan pasado bien el fin de año. Yo fui a comer con el canciller del Reino Champiñón y disfruté viendo como quemaban un año viejo de Barney. Bueno, el punto es que, para empezar el año, les he traído un fanfic de Metroid que encontré en fanfiction.net El autor es el usuario "locuas". Yo les dejo el fanfic tal y como lo encontré: juzguen ustedes su calidad que, en mi opinión, supera a muchos fics en una web (fanfiction.net) donde no es difícil encontrar fics con una ortografía horrenda, un argumento pobre, una construcción elemental de los personajes y una relativa elementalidad en recursos narrativos. Y ya, el fic es lo que sigue: 




DESPUÉS DE FUSIÓN


INTRODUCCIÓN: Estas son las dos teorías que tengo del juego. También forman parte de muchas de las historias que tengo en el limbo y que dudo que me ponga a escribir.
Cada historia-teoría es completa y absolutamente de mi invención. Dudo mucho que ninguno de los datos o teorías propuestas aquí, fuera de lo sacado de los juegos, sea parte del canon del juego. ¡Alerta! Puede haber spoilers





HISTORÍA-TEORÍA I



En la infinidad del espacio, una nave viajaba rumbo a su hogar, un pequeño planeta habitado por unos pocos pueblos*…y una casa alejada de todos ellos.
No estaba alejada por ser antisocial su dueña: era solo porque, a veces, necesitaba tranquilidad. Además, ya le había pasado que la reconociera, aún en ropa de civil, algún idiota que quisiera hacerse famoso atacándola. Por suerte, era poca la gente que conocía su rostro, y aún menos los que se atrevían a enfrentarla.
Por otro lado, siempre que iba a algún poblado por cualquier razón, siempre había al menos un hombre que trataba de invitarla a algo. Todas las veces, su respuesta fue siempre la misma. No una mentira, pues era una gran verdad: "soy lesbiana". No era algo que ocultara, todos los que la conocían lo sabían. Los chozos la habían educado en que el amor no tenía forma física, que no tenía reglas que seguir, aparte de las dictadas por el corazón. Y su corazón había elegido.

— Ya llegamos, señorita —mientras se había distraído en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que habían llegado.

— Gracias, Adam —aún se le hacía raro reconocer a la computadora de su nave como el verdadero Adam Malkovich.

Adam fue un comandante de la Federación, y un padre para ella. Pero hace mucho tiempo, en una ocasión en que ella había accedido a volver a trabajar bajo su mando, irónicamente en ese periodo su relación se había distanciado, y ya no era la misma. Y aun así, a pesar del frío trato que había mantenido hacia ella durante la misión, cuando fue necesario, él se sacrificó por ella,  para detener un proyecto que jamás debió haber sido autorizado. Ese era el hombre que ella una vez admiró, alguien lo suficientemente firme como para ser capaz de tomar las decisiones más duras, pero no un bastardo sin corazón. Ella se dio cuenta de algo demasiado tarde: de todas las personas a las que les dolió la elección de Adam de dejar morir a su propio hermano, fue él quien más lo sufrió.

Sale de la nave y las luces del lugar se encienden, se encuentra dentro del garaje de su casa, un lugar el doble de alto y el triple de largo que su nave, llena de todo tipo de piezas de naves; y, en lo profundo, una escalera que llevaba a una puerta, al lado de la cual había una especie de cilindro de cristal, suficientemente grande para que entrase un hombre adulto. Aunque no lo pareciese, ella era toda una mecánica. Podía armar y desarmar su nave con los ojos cerrados.
Camina tranquilamente hasta el fondo de la gran habitación, sube las escaleras, guarda su traje dentro del cilindro y atraviesa la puerta que conecta a la casa, las luces se apagan cuando deja el lugar. Se encuentra en su hogar particular, que tiene dos pisos: en la planta baja, cocina, comedor, baño y sala de estar; en el piso superior, dormitorio y gimnasio. Su trabajo la hacía viajar a todas partes de la galaxia, por lo que tenía bases en diversos planetas. Pero este lugar era distinto. Por alguna razón, siempre que volvía a ese lugar, se sentía en paz. Quizás porque el planeta le recordaba un poco a Zebes o quizás porque, siempre que iba a algún pueblo, podía sentirse como una mera mujer, en vez de una guerrera. Como fuera, se había enamorado del lugar. Incluso había conseguido construirse una casa.
Camina hasta la cocina para sacar una bebida y una generosa cantidad de comida. Tras comer, se recuesta con su ropa ligera en la sala de estar y se pone a pensar en lo que le había pasado en los últimos días. No estaba segura de cómo se había salvado. Solo sabía que, a pesar del informe dado por la computadora de su nave, si la Federación hubiera querido, habría sido su fin. Ella no solo había descubierto los experimentos de la Federación para acelerar la crianza de Metroids, sino que había hecho que la colonia donde realizaban los experimentos se estrellara contra el planeta SR388, haciéndolo explotar, para evitar la propagación del virus conocido como X. Había desafiado a la Federación, descubierto un proyecto del más alto secreto y destruido, quizás, el principal laboratorio del proyecto. Eso le había traído muchos problemas. Pero de milagro se había salvado. Las condiciones para su perdón consistían, básicamente, en no hacer ningún trabajo que no fuera explícitamente para la Federación, además de obligarla a darles una muestra de su alterada sangre, como "muestra de buena fe". De todas formas, creía que se había salvado de un castigo peor solo por ser "demasiado valiosa" y porque deshacerse de ella sería demasiado sospechoso.
Hacía mucho que había decidido que, si la Federación trataba de hundirla, ella se los llevaría consigo. Pero tenía demasiadas cosas en que pensar, y era demasiado peligroso preguntarle a Adam*. Los piratas habían invadido la colonia ¿Por qué? ¿Se habían enterado del proyecto? De ser así ¿Cómo? Y más importante ¿Qué hacía el cadáver de Ridley allí? ¿Sería el clon al que se había enfrentado hacía años? Lo dudaba. Se toca el brazo, pensando en ese monstruo. ¿Su sangre ahora poseería el código genético de su odiado enemigo? Era una idea que le desagradaba. Pero no le extrañaría que siguiera vivo dentro de ella. Habían tenido tantos encuentros en los que ambos habían logrado salir con vida, que ya había perdido la cuenta. Si algo había aprendido, era que Ridley era incapaz de quedarse muerto.
Cierra los ojos y recuerda su época en Zebes, como siempre hacía cuando no sabía qué hacer. Recordaba todo como si hubiera sido ayer. Recordaba aquella maravillosa época que paso con los Chozos. El planeta estaba lleno de maravillas naturales, al igual que peligros, de los que los chozos siempre procuraron ponerla al tanto. Los chozos, si bien atemorizantes a primera vista, siempre fueron gentiles con ella. Siempre la habían tratado como una de ellos. Y siempre había tenido a su abuelito a su lado. Llamaba "abuelito" a Old Bird, el primer Chozo con el que entabló amistad, y quien la salvó cuando su planeta natal fue arrasado por Ridley y sus secuaces. De todos los Chozos, su abuelito era al que más quería. Fue él quien le enseñó que todas las formas de vida eran preciosas. Fue él quien le había transmitido la filosofía de los Chozos y su sentido de la justicia. “Abuelito ¿Qué harías en mi lugar”? Pensó con amargura, antes de quedarse dormida.
Tuvo pesadillas toda la noche, acerca de los metroids y del virus X. Acerca de Ridley y los piratas. De ellos arrasando sus dos hogares…y queriendo que fueran tres. Acerca de Adam y la Federación. Acerca de sus padres y de su abuelito. Acerca del bebé metroid que la veía como su madre, y que, aunque no lo admitía, muy en el fondo consideraba su hijo.

Despertó en la sala de estar a la mañana siguiente, agitada. Trató de sentarse bruscamente, con el sueño aún fresco en su memoria. Sentía que algo había pasado mientras dormía, pero no sabía qué era. Todo estaba en su lugar. No había sonado ninguna alarma. Había una cría de metroid en su hombro. La computadora no daba señales de ningún tipo de irregularidad… Volvió la vista a su hombro, para asegurarse de que había visto algo real. No se equivocó. Sobre su hombro estaba una cría recién nacida de Metroid. A pesar de ello, no parecía tratar de alimentarse de ella, parecía como si solo estuviera recostado, mostrando su afecto por ella.
Samus sacó su pistola y apuntó a la cría, la cual parecía estar confundida. ¿De dónde había salido? ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba en su hombro? ¿Qué era esa sustancia que dejó en su hombro? La última respuesta la encontró sin problemas. Había más en el lugar donde ella había estado durmiendo y, al ver en su cuerpo, se dio cuenta de dónde había salido la sustancia…
Un recuerdo llega a ella como una revelación. El bebé metroid que una vez había recuperado poseía un código genético particular, el código genético de una "Reina Metroid". Las reinas eran los únicos metroids capaces de tener crías y, del código genético de éstas, surgió la “vacuna Metroid” que le habían inyectado para salvarla del X. En otras palabras, ese Metroid era suyo.
Sigue apuntando.
Sabía que debía matarlo, no sabía qué podía pasar si lo dejaba vivo. Si la Federación se enteraba, podrían usarlo en sus experimentos monstruosos. Debía matarlo.
Se acerca con el dedo en el gatillo.
Si lo deja vivir, quién sabe qué podría pasar. Si los piratas espaciales se enteraban, arrasarían el planeta.
Está lista para disparar al recién nacido.
No sabía los peligros qué podía ocasionar si escapaba: podría crecer, convertirse en una reina Metroid, y el daño que ocasionaría antes de corregir su error sería enorme.
Trata de disparar. No puede. No puede. No importaba lo que pudiera pasar, no podía. El bebé se acerca a su cabeza y se recuesta en su cabello.
— “Abuelito ¿Qué harías en mi lugar?”


NOTAS1:
Poblado: Zona habitada de un planeta, que lleva entre 10 a 30 años en el planeta, o tiene una cantidad de habitantes menor a 1000.





HISTORÍA-TEORÍA II



Me llamo Ridley... Soy un dragón espacial... probablemente el último de mi especie. Solía ser un alto miembro de los piratas espaciales ¡uno de los más poderosos!... antes de morir.
Morí... todo empezó en Zebes... no... Todo empezó mucho tiempo antes en K-2L, robando combustible a unos humanos inferiores, donde cometí el peor error de mi vida... no la maté. Por culpa de la humana que se interpuso, y del humano que hizo explotar el Afloraltite, no logré matarla.
No sería hasta años después que nos reencontraríamos.
Aún lo recuerdo, el día que el Alto Comando* me dio mi primera misión como comandante-superior* de mi propia gran-flota*: masacrar a los Chozos y conquistar Zebes.
Lo admito... siempre odié a esa razas de hombres-pájaro. Sus patéticas ideas pacifistas no impidieron que disfrutase con la carnicería. Quizás por la emoción de la misión, quizás por el simple placer de aplastar a esa raza que me desagradaba tanto. Lo cierto es que yo mismo me aseguré de que no quedase ninguno en la faz del planeta. Cuando logramos hacernos con su computadora, "Mother Brain", ésta se encargó de envenenar la atmósfera. Ver en pantalla a aquellos desafortunados chozo a los que aún no habíamos matado, la manera en la que se retorcían, sufrían y morían, me hacía gritar de euforia.
Morir... ¿como yo?
¿Es una coincidencia que aquella niña que, de puro milagro no logré matar, fuese criada por esa raza que masacré y que se salvase por jugar en el ejército? ¿Es una coincidencia que cuando me dieran la orden de dejar Zebes por ciertos asuntos, la niña ya crecida, devastara nuestra base bajo las narices del inútil de Kaid?
Fuese como fuese, tuve que volver a Zebes y enfrentarme a la "Semilla" que inconscientemente planté con muerte, y regué con ira. Fue una larga batalla y casi lograba matarla... pero perdí. Yo PERDÍ ante una basura humana. Perdí…
Estaba débil, y cuando tuve suficientes fuerzas para volver a mi nave, la base explotó.
La explosión me dejó muy malherido... pero no muerto. No... Todavía. Recuerdo el dolor... ¡El dolor! Me encontraba débil, pero cuando podía, usaba mi telepatía para comunicarme con los encargados de mi recuperación.
Por lo que pude descubrir, Mother Brain había sido destruida por la humana; y, antes de “morir”, inició la autodestrucción de la base. De nada sirvió, Samus sobrevivió y aniquiló una de mis naves... Samus...
Mi recuperación fue dolorosa. Había sufrido graves daños, varias partes de mi cuerpo tuvieron que ser reemplazadas por partes mecanizadas. Pero al menos estaba vivo.
Mi recuperación culminó en la fragata Orpheon, donde me reencontré con mi vieja enemiga. ¿Quién lo diría? ¿Quién diría que el testigo del final de mi recuperación y de mi regreso sería ella, a la que más deseaba destrozar? Pero no era tiempo, la nave iba a explotar. Escapé.
Descendí a Tallon IV, y allí sobrevolé varias veces encima de mi enemiga. El mensaje era claro: “ven, te estoy esperando”
Finalmente empezó el segundo round, esta vez era demasiado poderoso. Casi lo lograba. Pero por culpa de las estatuas que nos rodeaban, construidas por los Chozo, esa maldita raza, fui arrojado al cráter sobre el que estábamos, incapaz de volar por las heridas que me había hecho Samus.
Según estos recuerdos, eso podría llamarse "Karma".
Nuevamente creyó que morí... pero se equivocó. Un nuevo encuentro ocurrió en Norion, donde hasta yo creí morir al caer por un abismo, pero el Phazon me salvó y me hizo evolucionar. Con mi nueva forma, me dirigí a uno de nuestros planetas-bases, consciente de que allí estaría también ella. Otra vez peleamos y otra vez perdí... pero tampoco morí. Gracias al Phazon, mi cuerpo dejó de necesitar las partes mecanizadas.
La recuperación de mi cuerpo orgánico fue lenta y dolorosa. Muy dolorosa. Aún recuerdo el dolor. Diez veces peor que cuando fui reconstruido. A pesar de eso, podía sentir como mi cuerpo estaba, además, siendo fortalecido.
A pesar de mis numerosos fracasos, los altos mandos me dieron una última oportunidad. Recuperar al último Metroid, en la colonia Ceres, y llevárselo a una reconstruida Mother Brain. Lo hice con gusto, ansioso por probar mi nuevo cuerpo.
Uno a uno, masacré a cada científico en la base, yo solo. Finalmente obtuve al Metroid, pero me llevé una sorpresa al descubrir que Ella había recibido un mensaje de emergencia de la colonia. ¡Quién diría que esta cría metroid era su bebé!
Nuevamente peleamos, pero esta vez era demasiado poderoso, ni siquiera ella pudo conmigo, pero no la maté, no, no tendría gracia dejar su cadáver en una colonia que pronto desaparecería. En vez de eso, me comuniqué con ella telepáticamente: le revelé que habíamos reconstruido la base en Zebes, y que si quería de vuelta a la cría de la Federación, que viniese.
Entregué la cría, y Mother Brain me dijo que la llevase a Norfair para que las condiciones del lugar ayudasen a su crecimiento. Tonto de mí por no descubrir sus intenciones hasta que fue demasiado tarde. La cría creció rápidamente, y me atacó por sorpresa. No pude hacer nada para evitar que se alimentara de mi energía, de mis fuerzas. Me debilitó... y escapó... justo a tiempo para pelear con Samus.
Estaba demasiado débil para enfrentarla, pero aun así estuve cerca de lograrlo... cerca. Volví a perder.
Había perdido más energía de la que creí, estaba demasiado débil para escapar del planeta. La explosión del planeta acabaría conmigo de una vez por todas... me equivoqué.
No sé qué pasó. No sé si fue el Phazon que quedaba en mí, si fue porque el lugar donde me encontraba sobrevivió, o si fue una mera coincidencia. Solo sé que la Federación recuperó mi cuerpo moribundo. Jamás estuve tan cerca de la muerte, apenas estaba consciente, apenas podía pensar. A penas podía... vivir.
Me temían demasiado, así que me congelaron y me enviaron a un laboratorio... a Biometrox. No sé cuánto tiempo pase ahí, congelado, pero consciente. ¿Fueron días? ¿Meses? No tengo idea, solo sé que desee que la explosión me hubiera matado. Era inevitable que el tal "Parasito-X" invadiese mi cuerpo indefenso y congelado. En mi semi-consciencia, podía sentir como el X trataba de devorarme... pero me subestimaba.
Me costó mucho tiempo. Mucho, mucho tiempo, pero logré asimilar al X, consumirle a él, en vez de él a mí, y convertirme en "Ridley-X". Una ironía que fuese nuevamente Samus Aran quien presenciase mi renacer. Pero mis experiencias anteriores me habían enseñado a ser paciente.
Creyó que había escapado, pero, en realidad, la estaba siguiendo, a medida que trataba de entender esta extraña forma. En cierto punto me dividí y envié a mi "otro yo" a un lugar para que enfrentase a Samus. Si estaba en lo correcto, el poder que me había concedido el Phazon había desaparecido. No podía permitirme enfrentarme a ella y perder, no esta vez.
No pude comprobarlo…
Seguí a Samus hasta una especie de laboratorio de metroids, pero por culpa del tal "SA-X", los metroids fueron liberados, y todo el laboratorio sería eyectado. Samus escapó justo a tiempo... yo no.
Todo el lugar explotó al descomprimirse, y la falta de atmósfera mató a los metroids que estaban ahí... Pero no a mí. El X podía sobrevivir en el espacio, los Metroids no, cosa con la que probablemente ella no contaba. Me acerqué al moribundo SA-X, una copia casi exacta de mi vieja y odiada Némesis, y una perversa idea me invadió.
Me combine con el SA-X. No pudo mostrar resistencia, estaba demasiado débil. La sensación fue indescriptible. Podía sentir como mi cuerpo se fusionaba con el suyo, como ambos desaparecían, para dar nacimiento a un nuevo ser. Por mi mente desfilaba nuestra composición genética, libre de ser alterada a mi voluntad. Comprobé que una parte de "nuestra" composición era un "Hornroad", y la eliminé. No quería que tal criatura formase parte de mí.
Durante largo tiempo estuve moldeando mi nueva forma. Parte por parte, detalle por detalle.
Finalmente renací… En medio del espacio, comprobé mi creación terminada. Mi nuevo yo. Más pequeño, pero más poderoso. Una apariencia más humanoide conservando, aunque más pequeñas, las alas y la cola. Mi cuerpo ahora parece una armadura azul. Mi cabeza era más pequeña y redondeada, pero aún inconfundible. Cada mano tenía cinco poderosas garras, y una especie de anillo negro en la palma. Mis pies seguían iguales, dos garras delante, una detrás.
“Este es mi nuevo yo”, pensé, mientras todos los recuerdos de Samus pasaban por mi cabeza. Cada recuerdo, cada pensamiento, cada detalle que hubiese recorrido su mente antes de ser atacada por el X, estaban ahora dentro de mí, incluidos los secretos del traje que ella había descubierto por sí misma. No solo sentía cierto placer de ver algunas de mis acciones desde los ojos de la mujer y de las muertes de algunas de las personas que más odiaba. Oh, no solo cuanta sorpresa y odio sentí al descubrir los intentos de la Federación de usarme como "conejillo de indias", sino también cuanta fascinación. Fascinación por cada detalle del traje. Como almacenaba misiles, como funcionaba, de qué material estaba hecho. Todo me fascinó. No podía creer que los Chozos hubieran creado algo que, de lejos, era más avanzado que todas sus creaciones juntas. Casi lamento lo que les hice en Zebes… casi.
Una luz a mis espaldas. Al darme vuelta veo como el SR388 explota. Samus, sin duda.
Algunos de los escombros, escombros enormes, se dirigían hacia mí. Sonreí. Coloqué las palmas de mis manos apuntando a los proyectiles de roca. Los anillos empezaron a brillar y proyectiles de energía, idénticos a los que ella disparaba, salieron en la dirección señalada. Los escombros eran destruidos uno a uno por el contacto con cada uno de los disparos. Ahora venía una gran roca, diez veces más grande que las anteriores. Hora de la segunda prueba. Mis palmas empiezan a brillar con intensidad y, al juntarlas apuntando en dirección al enorme proyectil, libero la energía. El disparo concentrado logra destruir la gran roca como si nada.
Quería reír de la satisfacción que me daba mi nuevo cuerpo renacido. Pero, estando en el espacio, tendría que conformarme con reírme mentalmente.
Tenía dos elecciones, regresar a alguna base intacta de los piratas espaciales o ir a destruir a Samus Aran. A pesar de lo tentadora que fuese ir y destruirla, elijo la primera. Hay mucho que no sé de Samus y su "nuevo" traje, y si me elimina esta vez, podría ser para siempre. Además, aun debo terminar de comprender este nuevo cuerpo.
Combinando mis recuerdos con los de Samus, logro encontrar una de las principales bases, que aún estaba intacta. Sería un viaje largo, y no sabía ni dónde estaba… hasta que descubrí una interesante función del nuevo cuerpo.
Una de las cosas más fascinantes del traje, era que estaba constituido, casi en su mayor parte, por pura "Bio-tecnología", una tecnología muy avanzada y muy difícil de lograr o utilizar. Era obvio, al menos para mí, que los Chozos habían dedicado sus últimos años a crear el traje de Samus casi completamente de bio-tecnología… Eso explicaba que el X hubiese logrado asimilar tan bien el traje de Samus. La bio-tecnología, o bio-tec, consistía en "sustancias" capaces de simular a la perfección las características de determinado material. Era posible, incluso, usarla y crear una computadora que funcionara y se conectara con el cerebro de los seres vivos. Ni siquiera Mother Brain era tan avanzada, aunque tenía partes orgánicas, también poseía partes inorgánicas. Una computadora de bio-tec era puramente orgánica. Como la del traje, que el Sa-X había logrado copiar, y que ahora poseía en su cerebro. Esta “computadora” incluía una navegadora, solo necesitaba ingresar las coordenadas y sabría a dónde ir, como ahora.
Lugar encontrado. Ahora solo necesitaba ir allí. Mi cuerpo empezó a brillar. Desplegué las alas, y empecé a volar más rápido de lo que jamás había volado antes. A cada instante este cuerpo me gustaba más y más. Lo más seguro es que tuviera que responder ante el Alto Comando por mi ausencia. No importaba, en mi mente ya estaba planeando mis siguientes pasos. Y estos incluían a Samus. Como siempre. Después de todo, ella y yo estamos conectados por el destino. Obligados a pelear una y otra vez hasta que uno de los dos caiga.
Soy Ridley, morí una y otra y otra vez. Y, como en todas y cada una de mis muertes, esta vez también volví.


NOTAS2:
Alto Comando: Los líderes indiscutibles de los piratas. Está conformado por varios comandantes-superiores, y un misterioso círculo de individuos a los que los comandantes-superiores obedecen.
Comandante-Superior: Uno de los cargos más altos de los piratas. Un Comandante Superior posee asignada una gran-flota o uno de los planetas-base de los piratas. Estos últimos nunca tienen menos de dos o más de cuatro Comandantes-Superiores a su cargo.
Gran Flota: La flota de un Comandante-Superior. Suelen estar conformados por un mínimo de tres flotas de cien naves de guerra cada una

martes, 20 de diciembre de 2011

Un fanfic que me llamó mucho la atención

Hola gente, hace mucho que no les escribo...Si supieran como he estado ocupado: negocios y más negocios aquí en Mushroom Kingdoom...Definitivamente ha sido un periodo ajetreado, pero bueno: al menos logré mejorar la fachada externa de mi torre y comprar una casa en Delfino Plaza. Ahora, volviendo a esta entrada lo que les quería compartir era un fanfic de horror y suspenso de la escritora que se hace llamar Antifashion19 en fanfiction.net. y otros lugares del ciberespacio. ¿Por qué me llamó la atención el fic? Pues sencillamente porque me parece que es muy ingenioso y que tiene buenos méritos formales; mas, antes que nada, porque me logró dar un buen dolor de cabeza al ser un texto que, según se ve, intencionalmente busca dejar al lector cierto sabor de incertidumbre. Lo digo porque sucede que al leerlo uno llega a una conclusión (casi al final) mas luego aparecen elementos que hacen que uno dude de la conclusión mas no en el grado suficiente como para desecharla...


Disclaimer: Naruto es propiedad del maestro Kishimoto, yo solo lo tomé prestado para hacer este fanfic.

Autora: Antifashion19.
Tema: Halloween.
Universo Alterno.
Género:
Horror/Suspenso/Misterio.
Personaje: Hinata.
Advertencias: Ninguna.

Respuesta al Cuarto Concurso del foro: "Concursos: La originalidad es posible".
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Aclaraciones del Capítulo:

Blablablabla—Hablan.
Blablablabla—Recuerdos.

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The Voice.
"Los monstruos son reales, y los fantasmas también…
Viven dentro de nosotros, y a veces ellos ganan."
(Stephen King)
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“Hinata.”
Abrió los ojos lentamente, la luz le molestó. Los cerró de nueva cuenta, y volvió a abrirlos, tratando de protegerlos con su mano de los rayos solares que se colaban a través de lo que parecía una ventana, pero aquella extremidad no le respondió. Se sintió mareada y unas inmensas ganas de vomitar la inundaron, mientras el cuerpo le dolía intensamente como si la hubiesen golpeado; pero después, sintió un inmenso dolor de cabeza que se prolongó hasta sus ojos blancos…
“Hinata, despierta.”
— ¡B-basta! —Gritó. Aquella voz infantil en su cabeza no la dejaba pensar. — ¡B-basta!
Su garganta se encontraba reseca y sus labios partidos. Se levantó levemente para poder visualizar en donde se encontraba. Notó las pequeñas ventanas con los cristales rotos a un costado de la habitación, las cuales dejaban entrar los pequeños rastros de luz que iluminaban el lugar, a un lado de estas, algunos viejos muebles de madera. Las paredes descarapeladas, y en el piso había cientos de papales tirados. El lugar parecía abandonado.
¿Qué hacía ahí?
Se recargó sobre una de las paredes, y se dio cuenta de que estaba completamente sola, en ese lugar donde no había nadie más que ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazó a sí misma; tenía miedo, estaba sola, sin nadie que pudiera explicarle qué había sucedido o por qué la habían abandonado ahí. Talló sus ojos fuertemente y ahora todo se encontraba borroso.
“Hinata, ¿Estás ahí?”
La pequeña voz infantil seguía escuchándose por todo el lugar. Un escalofrío recorrió su columna vertebral al reconocerla, era la de su hermana. Se acercó a la única puerta de la habitación en la que se encontraba, asomando su cabeza hacia fuera, levemente; observó el pequeño pasillo oscuro y solitario, temblando, poco a poco fue saliendo de aquel lugar. Vio de reojo las otras puertas, y caminó lentamente, sin saber a dónde ir.
— ¿H-hay alguien ahí? —Preguntó temerosa. — ¿H-hanabi-chan?
Siguió avanzando.
—N-no debo tener miedo. —Se repitió a sí misma, mientras recorría el pasillo.
De pronto sintió como si alguien caminara a sus espaldas, y nerviosa, poco a poco se fue dando la media vuelta, sólo para encontrarse con unas sombras que salían lentamente de las otras puertas. Gritó fuertemente y comenzó a apresurar el paso, hasta verse corriendo por todo el lugar, horrorizada. Lloraba desesperada tratando de encontrar alguien que le ayudara o una salida para salir de aquel horrible lugar.
— ¡A-ayuda! —Gritó golpeando las puertas que se encontraban cerradas. — ¡P-por favor, alguien que me ayude!
Sola. Estaba completamente sola en aquel lugar, a merced de aquellos seres que le seguían lentamente, riendo siniestramente. Más pasos, voces de niños, arañazos, golpes. ¿Por qué estaba ahí? ¿Dónde estaban su padre, su primo…y su hermana?
Hanabi.
Cayó al suelo boca abajo, golpeándose el rostro. La sangre brotó, pero no había más dolor. Ya no sentía nada, el miedo la había invadido, paralizando todo su cuerpo. Levantó lentamente la cabeza sólo para contemplar una gran sombra sobre ella. Su mano comenzó a temblar, mientras ella sollozaba lentamente. Había algo detrás, algo aterrador; giró lentamente su cabeza, a la vez que las lágrimas volvían a inundar sus pequeños ojos blancos. Aquella “cosa” era horrorosa.
Sus ojos la escudriñaban sedientos de sangre. Un grito desgarrador salió de la garganta de Hinata, quien se levantó rápidamente para correr lejos de ahí. Volteó de nueva cuenta, notando que no había nada ya en ese pasillo.
“En mi mente duerme…”
—A-ayuda. —Unos balbuceos escaparon de sus labios nuevamente, no pudo evitarlo.
No muchos metros adelante, Hinata se dio cuenta de algo.  De qué escapa. ¿De qué? La pregunta flotaba en su mente. Sabía que todo era un producto de su imaginación, lo sabía bien…Ya que desde aquel accidente algo había pasado dentro de su cabeza. Eran simples alucinaciones que controlaba con medicinas…
“Una pequeña…”
—Hinata. —Le pareció escuchar que alguien decía su nombre a sus espaldas, pero no puso atención y continúo caminando tan rápido como podía. Debía encontrar la salida de aquel lugar. —Hinata.
El llamado se repitió. De nueva cuenta era la voz de su hermana menor, Hanabi... ¿Acaso era un invento de su imaginación? No. Era una voz que siempre había escuchado, y que se había intensificado desde aquel accidente en el cual su hermana había fallecido. ¿La estaba atormentando?
—B-basta. —Soltó entre dientes, se abrazó a sí misma.
—Hi-na-ta. — Repitió la voz, como si se burlara de ella. —Hinata.
La Hyuuga se detuvo. Bajó la mirada y observó el suelo lleno de papeles, tierra y un pequeño charco de agua que provenía de una de las paredes mohosas del pasillo. Leyó cuidadosamente, letra por letra. “Hospital”, estaba en un hospital abandonado.
“En mi mente duerme…”
— ¡Cállate Hanabi-chan! —Gritó molesta. —Ya déjame en paz…No quiero escucharte.
— ¿Por qué? — Aquella voz continuó y parecía que taladraba dolorosamente sus oídos y su cabeza. —Tú me mataste, ¿Por qué te he de dejar en paz?
Fue ahí donde los recuerdos dolorosos perforaron su frágil mente…
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Recordando aquel día de Halloween en el que huía de su casa por no complacer a su padre, por avergonzarlo y no ser la Hyuuga perfecta.  Quería irse lejos, morir. Su hermana subió rápidamente en el asiento del copiloto, mientras que Hinata arrancaba velozmente. No supo cuando el automóvil se había volcado, ella sangrando de la cabeza, quizás con su cráneo fracturado; pero su hermana, la pequeña Hanabi había salido volando del asiento, impactándose con el cristal del parabrisas, dejándolo impregnado de color carmín. Y su cuerpo, tirado sobre el frío asfalto, inerte. Muerta.
“Una pequeña…”
Acabó en un hospital, siendo repudiada por su padre. Sola y abandonada.
“…Homicida.”
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— ¿Por qué mereces vivir? —Preguntó la pequeña voz infantil. —Si eres una vergüenza.
— ¡Lárgate ya! —Gritó enfurecida. Tenía que encontrar la salida de ahí.
—Cálmate, Hinata. —Se escuchó y unas risas le siguieron. — O la “cosa” se molestará.
Miró a su alrededor hasta toparse con aquel ser que le seguía, dejando su rastro de sangre por todo el piso. El ritmo cardiaco de su corazón se aceleró, y corrió nuevamente; tropezó y cayó al piso, de nuevo se levantó para seguir corriendo… Estaba tan agotada que ya no era capaz de levantarse. El pánico comenzó lentamente a desaparecer, mientras las sombras se escurrían desde las paredes hasta el suelo.
Pero Hinata no se detuvo sino hasta que sintió que su cuerpo ya no era capaz de moverse, se dejó caer en el piso, respirando agitadamente y esbozando una extraña sonrisa de satisfacción que más tarde se convirtió en carcajada que se fue fusionando con las otras risas. Repentinamente, el efecto de su locura desapareció.
Ya no podía más. No había salida de aquel lugar. Lo sabía bien.
“Duerme pequeña…”
Un extraño impulso le hizo levantar nuevamente su cara, y mirar hacia enfrente. Sus ojos blancos veían a la “cosa” que se acercaba hacia ella, con las cientos de manos con enormes uñas amarillentas y con caras petrificadas que movían sus ojos de un lado hacia otro.
—Hinata…—Habló nuevamente esa voz de la que la Hyuuga pensaba que se había librado. — ¿Qué es lo que piensas hacer ahora?
La risa siniestra de Hanabi se escuchó por todo el lugar, acompañada por la de todos los rostros que se encontraban incrustados en aquel ser… Sin embargo, Hinata ya se había quedado paralizada, deseando retroceder, deseando ponerse de pie y huir, pero no pudo: el cansancio, el frío, y sobre todo el pánico, se habían apoderado de su cuerpo.
— ¡Cállate! —Chilló horrorizada.
Y cogiendo la poca fuerza que tenía, poco a poco se puso de pie. Estaba jadeando y su pecho hacia un sonido al respirar a causa de su agitación; se recargó en la pared que se encontraba a sus espaldas. “Salida”, leyó en letras rojas sobre el marco de una puerta de cristal templado. Dio un paso hacia ella mirando cómo un poco de luz entraba. Unas nauseas volvieron a invadirla. Mientras que en su mente el deseo de alejarse de ese lugar le daba más fuerza.
Aquel ser sujetó su brazo.
— ¡No! —Gritó. — ¡Suéltame!
La Hyuuga pateó fuertemente la puerta, causando que esta se rompiera, los fragmentos de vidrio caían a la vez que ella intentaba salir. Sintió la suave brisa rosarle la piel, y como el agarre de aquella criatura poco a poco se debilitaba.
Era libre.
“Duerme…”
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—Señor Hyuuga, el trastorno de personalidad múltiple…—Comenzó a explicar el médico. —Puede ser ocasionado por alguna experiencia que el individuo vivió y lo traumatizó. El paciente pudo haber estado en riesgo de morir en un accidente automovilístico o quizás sufrió un asalto a mano armada o una enfermedad seria.
Hiashi recordó el accidente en el que ella había estado involucrada. En donde solo Hanabi había salido ilesa. Miró de nueva cuenta por el pequeño cristal de la puerta a Hinata, que seguía tarareando algo.
—Este desorden es asociado también con traumas continuos de cualquier tipo, los cuales obligan a la persona como un mecanismo de defensa a salirse de su mundo real para vivir la fantasía de una persona ajena a ellas… —Siguió hablando. — Estos episodios pueden durar lapsos que varían de horas a meses y también varían en intensidad y no son constantes o regulares.
Giraron su vista de nueva cuenta hacia ella, quien no sabía si aún permanecía en aquella personalidad que se hacía llamar “Hanabi”, quien era muy agresiva y se creía la hermana menor de Hinata que había muerto en aquel accidente automovilístico. Torturando a esta misma sin poder dejarla salir de su mente.
Es lo que ella les había dicho, mientras se burlaba de ellos.
—Pero tiene cura esto, ¿Cierto? —Preguntó preocupado. —Hinata puede recuperarse.
—Sólo podemos controlarlo, el tratamiento de este trastorno lo haremos por medio de una combinación de terapias psicológicas y de medicamentos. —Asintió levemente. —Vera que pronto Hinata, no recaerá en nuevos episodios en el futuro.
— ¿Está seguro que quien regresará será Hinata? —Preguntó Hanabi. — ¿No ésta Hinata que se hace llamar Hanabi, igual que yo?
Aquella Hinata parpadeó confundida.
—Hinata, despierta. —Le llamó la voz de Hanabi. — Hinata, ¿Estás ahí? Vuelve en ti.
— ¿Dónde estoy? —Cuestionó. — ¿Padre? ¿Neji? ¿H-hanabi?
— ¡Hinata! —Soltó la menor llena de felicidad. — ¿Eres tú?
—Sí. —Asintió levemente. —S-soy yo… ¿P-podemos irnos a c-casa?
Su padre afirmó.
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—Hoy es Halloween, ¿Cierto? —Preguntó seriamente. —Como aquel día del accidente.
—Sí. —Respondió Neji. —Hoy es 31 de Octubre.
—Oh. —Suspiró.
El automóvil avanzaba, e Hinata seguía mirando a través de la ventanilla el paisaje, su hermana permanecía a un lado de ella, mientras que adelante su padre manejaba; y Neji, su primo, iba de copiloto. Inhaló profundamente, y siguió viendo como se alejaban de aquel hospital psiquiátrico.
—“En mi mente duerme una pequeña homicida…”— Hinata permanecía sentada siendo observada por su hermana, mientras canturreaba. — “Duerme pequeña…Duerme.”
Rió desquiciadamente. Sus familiares regresaron a verla completamente sorprendidos, mientras ésta sacaba de entre sus ropas un pequeño cortapluma antiguo que había robado del consultorio de aquel doctor…
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“¡¿Hinata?!”
Abrió los ojos lentamente. Se sintió mareada y unas inmensas ganas de vomitar la inundaron, mientras el cuerpo le dolía intensamente como si la hubiesen golpeado; pero después, sintió un inmenso dolor de cabeza que se prolongó hasta sus ojos blancos…
“¡Hinata, despierta!”
— ¡B-basta! —Gritó. Aquella voz infantil en su cabeza no la dejaba pensar. — ¡B-basta!
Se levantó levemente para poder visualizar en dónde se encontraba. Notó las pequeñas ventanas con los cristales rotos a un costado de la habitación, las cuales dejaban entrar los pequeños rastros de luz que iluminaban el lugar, aún lado de estas, algunos viejos muebles de madera. Las paredes descarapeladas, y en el piso había cientos de papales tirados. El lugar parecía abandonado.
¿Qué hacía ahí?
Se recargó sobre una de las paredes, y se dio cuenta de que estaba completamente sola. En ese lugar donde no había nadie más que ella.
“¡Detente Hinata! ¡No!”
Un grito desgarrador se escuchó por todo el lugar,  provocando que Hinata corriera lejos de ahí. Volteó de nueva cuenta, notando que en el suelo poco a poco se formaban pequeños charcos de sangre. Se asustó un poco, pero siguió caminando en busca de una salida de aquel sitio.
“En mi mente duerme una pequeña homicida, duerme pequeña…Duerme.”

F I N.
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Notas de la autora:
Ok, desde que leí aquel fic SasuSaku “En mi habitación duerme una pequeña suicida”, que era adaptación de un Dramione llamado “El secuestro”, me quedó esa pequeña frase y quise hacer una historia que tuviera que ver. Aunque le cambien lo de suicida a homicida.
Espero que les haya gustado. Gracias por su tiempo para leer y comentar, si gustan.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Johnny Cash - Hurt (subtitulada)

La siguiente canción me ha hecho reflexionar bastante. Escúchenla y reflexionen sobre la vida, la vejez y el dolor...